El independiente
Ayer me encontré con un compañero que va en la lista de uno de esos partidos independientes que surgen en cada elección para luchar desde el pueblo, por el pueblo, para su pueblo... y todas aquellas preposiciones propias y tópicas que se tenga a bien imaginar cada lector, de ésos con vocación de bisagra que tan buenos réditos le han proporcionado a veces al cabeza de lista. Es un buen tipo, sin duda, y yo le tengo en gran aprecio. Al candidato, no al cabeza de lista:
-Coño, estaba haciendo yo una porra electoral. Mira tú qué bien me vienes para orientarme -le espeté-
-Yo, yo: tantos para éste, tantos para este otro, uno para el otro y dos para éstos –refiriéndose a los independientes de mi compi, terció otro que nos escuchaba-
-Ostrin tú, ¿dos les das a éstos? Muchos me parecen. Uno y si lo sacan les doy yo –respondí-.
Compungido, realmente compungido, se incorporó a la conversación a la que había asistido cariacontecido:
-¿De verdad que sólo nos otorgáis esos resultados?
La confianza, a veces, da asco, así es que seguí argumentando:
-Macho, lleváis a Fulanito en el número tal (de los punteros, lógicamente), como comprenderás…
-Sí, eso ha sido un error…
Y seguimos discutiendo amistosamente durante unos instantes sobre el particular.
Luego me sentí mal porque este buen hombre, que va en puestos de no salir aunque de su lista saliera el alcalde, estoy convencido, actúa de buena fe y seguramente hasta crea en el proyecto. Yo no y no sólo por Fulanito, por eso no le voy a votar. Para otros proyectos, él lo sabe, lo que pida.
