Las cosas que hace la gente bien que escribe bitácoras
La gente que escribe bitácoras es gente bien. La gente que simplemente escribe es gente mejor, porque esto de las bitácoras no deja de ser un subgénero, pero esto sería objeto de otra entrada. La gente que escribe bitácoras es gente bien, porque para escribir, aunque sea bitácoras, hay que leer, aunque sea poco y mal. Pero yo digo que la gente que escribe bitácoras es gente bien porque para escribir bitácoras rige ser poseedor de ordenador y conexión de banda ancha para atenderlas y ambas cosas rigen, a su vez, cierto desahogo económico que rige a la gente bien. La gente que escribe bitácoras trata los temas más insospechados en virtud de las peculiaridades del escribiente, pero viene siendo habitual que la gente que escribe bitácoras no desaproveche la oportunidad de hacernos partícipes, a los que leemos bitácoras, de dos cosas, entre otras. A saber: Los viajes que disfrutan y los libros que leen aquéllos que escriben bitácoras –también las películas que ven o la música que escuchan– pero las músicas y las películas no dejan de constituir otro subgénero de esto de los libros, por encontrarse la escucha y la visualización en una posición jerárquica inferior a la lectura en el escalafón de la culturalia que conforma la gente bien que escribe bitácoras. Yo supongo que esto se debe al plus de actividad que lleva implícito el acto de leer sobre los de escuchar o ver, pero es teoría propia y, por tanto, fácilmente rebatible. El caso es que, llegados a este punto, y ya que has sido capaz de llegar a este punto, habremos de convenir, tú y yo, querido lector de bitácoras, que la gente que escribe bitácoras es, sin duda, gente bien. Gente bien porque lee y porque viaja y porque para leer se necesita el plus de actividad intelectual señalado y para viajar otro de inquietud, también intelectual, of course y, como colofón, unos posibles sólo al alcance de la gente bien. Porque la gente bien que escribe bitácoras no te cuenta sus viajes al pueblo vecino, salvo que el pueblo vecino le haya aportado vivencias de gente bien dignas de ser contadas en su bitácora. La gente bien que escribe bitácoras exhibe viajes a San Petesburgo, por ejemplo, porque San Petesburgo es un lugar digno de aparecer en las bitácoras de la gente bien que escribe bitácoras, aunque cuando la gente bien que escribe bitácoras va a San Petesburgo nunca pase nada digno de ser contado en las bitácoras de la gente bien y, entonces, te despachan San Petesburgo con una foto tomada con cámara de gente bien y, a lo sumo, una descripción anodina de lo bueno o lo malo que están los cafés en San Petesburgo, cosa que ignoro porque nunca he estado en San Petesburgo ni tengo noticia de la esencia de sus cafés, cosa que lamento profundamente.
Y a lo que iba, un servidor, Pompeyo, sin apellidos porque así lo quiso el recepcionista del hotel, que también es gente bien –Pompeyo, no el recepcionista que no sé si tiene bitácora– porque tiene una bitácora y eso
implica los posibles para costearse el ordenador y la conexión de banda ancha, lee actualmente cosas indescriptibles que no piensa compartir con los tres o cuatro lectores de bitácoras que por aquí aterrizan de cuando en cuando y viaja, y no sólo al pueblo vecino, sino tres o cuatro pueblos más allá donde pasan cosas dignas de ser contadas, pero que ya están lo suficientemente contadas por otra gente bien que escribe bitácoras y gente mejor que escribe otras cosas. Y como Pompeyo no tiene nada que contar de las cosas que le pasan tres o cuatro pueblos más allá, comparte una foto que, eso sí, con gran desprecio por su integridad física, tomó el sábado en Piornal donde fue invitado por un buen amigo para ver las cosas que pasan tres o cuatro pueblos más allá. Es el tributo que paga Pompeyo para ser miembro de pleno derecho de la gente bien que tiene bitácora y cuenta en ella las cosas que lee y los sitios a los que viaja.
