WOMAD, el fin

Ya le dediqué una entrada, pero vuelve a ser noticia. Aparte de lo dicho entonces, WOMAD proyectaba Cáceres, sin duda. Independientemente del botellón criticado, de la patética campaña política, de los que olvidan la esencia de lo propuesto por los que proponen, de los proponentes y las esencias perdidas en el vil metal… independientemente de todo eso y de lo perdido en sí como lugar común y de disfrute, Cáceres era ciudad WOMAD y eso vendía en positivo nuestra ciudad, como el Baloncesto, como el Máster de Tenis, como el Mercado Medieval de las Tres Culturas, como la Semana Santa… No sé cuantificar en qué medida ni priorizar quién más quién menos ni con qué rentabilidad cada uno de los acontecimientos, pero WOMAD era ya seña de identidad propia. No creo a la organización, no creo a la Consejera de Cultura, no creo a los responsables del Consorcio y al Ayuntamiento ni le creo ni le dejo de creer, porque este Ayuntamiento, una vez más, ni sabe ni contesta, ni hace ni deja hacer, es la nulidad y la ineficacia institucionalizada y elevada a la enésima potencia, la nada de la que salieron y a la que nos dirigen; la sra. alcaldesa no sabe de Portaje, no sabe de la estación, no sabe de los centros de ocio… no sabe nunca nada de nada y, en esto, como no podía ser de otra manera, a falta de foto al efecto con la que adornarse, lo define de forma muy gráfica: "Se nos quedaría una cara de tontos si alguna ciudad que también compite por el 2016 cogiera lo que nosotros no queremos". No creo, decía, a ninguno de los implicados en el affaire, es posible que el negocio WOMAD esté en declive y Cáceres se les haga pequeño para sus intereses, es posible que haya negocios inconfesables tras algunas instituciones comprometidas, es posible que se supiera antes de las elecciones, es posible, incluso, que sea verdad que WOMAD ya no sea lo que era y que no valga lo que cuesta, todo ello es posible. Lo que es seguro es que se defendió desde la izquierda, que sirvió de campaña de acoso al anterior alcalde, posiblemente, en algunos casos, con la razón estereotipada hasta lo vomitivo e invalidada por el objetivo que, como quedó al descubierto, precisamente en el último WOMAD, no era otro que botarle mientras, posiblemente, sabían de la puntilla de muerte que llevaba el evento.
No les oigo ahora, como no oí a nadie cuando se quemó Guadalajara y once bomberos en la tragedia, como no les oigo cuando mata ETA, como no les oigo cuando nuestras tropas salen a esas guerras que se iban a acabar con la alianza de civilizaciones, como no les oigo cuando un presidente miente descaradamente al Parlamento y a la nación. No les oigo porque son ellos ahora los funcionarios del régimen que controla todas las instituciones implicadas, no les oigo porque ahora comen caliente al amor de la mamandurria, porque les importa un huevo Cáceres, el 2016, el WOMAD, sus supuestos valores, la multiculturalidad y la madre que parió a los Fratres que fueron pasados a cuchillo defendiendo la ciudad. No les oigo pero imagino, sin hacer ningún esfuerzo, lo que oiría de no haber prosperado el pacto con el tránsfuga y el antisistema y adivino, con menor esfuerzo si cabe, el margen que le hubieran dado al botado para reconducir la situación: cero patatero. Pero el botado tenía complejos y ahora se los traga, en la estúpida jubilación que se buscó, aliñados con las cuatro astracanadas que quieran echarle a la salsa éstos a los que sólo les importa el poder y los chanchullos que pueda amparar el engendro que se cocinen para la sustitución de lo que, a ellos, sólo les sirvió para sus bastardos intereses. Eso sí, si una gestión de última hora salva WOMAD por última vez y en atención a las urnas de marzo, volveré a oírles, con fuerza y advertencias, preparando el entierro definitivo.
